2025-07-22
Rocío López

Impulsando a la República Dominicana con biomasa

Descubra cómo la biomasa está generando energía limpia en la República Dominicana, restaurando tierras y creando empleos rurales, apoyando la transición del país hacia un futuro energético más resiliente.

La República Dominicana avanza hacia un futuro energético más limpio y resiliente. Con el objetivo de generar el 25 % de su electricidad a partir de fuentes renovables para 2025 y el 30 % para 2030, el país está diversificando activamente su matriz energética y reduciendo su dependencia de los combustibles fósiles importados, una vulnerabilidad que lo expone a las fluctuaciones de los precios mundiales y a las interrupciones en el suministro.

Ya se han logrado avances. En 2020, la capacidad instalada de energía renovable era de 555.9 megavatios. Para diciembre de 2024, esa cifra se había más que duplicado hasta alcanzar los 1,396.1 megavatios, impulsada principalmente por la expansión de la energía solar y eólica.

Aunque la energía solar y la eólica dominan la conversación, otro recurso renovable merece mayor atención: la energía de biomasa. Con un importante potencial sin explotar, la biomasa podría desempeñar un papel vital en el apoyo a la transición energética limpia del país.

¿Qué es la biomasa y por qué es relevante?

La biomasa se genera a partir de materiales orgánicos como residuos agrícolas, cultivos energéticos, subproductos forestales, desechos animales y residuos orgánicos urbanos. Dada su sólida base agrícola, la República Dominicana está bien posicionada para convertir estos materiales en energía limpia de origen local.

Subproductos como el bagazo de caña de azúcar, la cáscara de arroz, la pulpa de café y los desechos ganaderos, producidos por sectores que ya prosperan en todo el país, podrían utilizarse para generar electricidad y abastecer los hogares con energía renovable, estable y de producción nacional.

La biomasa también ofrece beneficios más amplios: reduce la presión sobre los vertederos, crea empleo rural y promueve una economía circular. Se alinea con las prioridades nacionales y aprovecha las fortalezas existentes, aunque sigue estando subutilizada.

A octubre de 2022, el Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI) reportaba 1,325 megavatios de capacidad renovable: 313 MW de energía solar, 366 MW de energía eólica, 616 MW de energía hidroeléctrica y solo 30 MW de biomasa, según el Ministerio de Energía.

For reference, data from the Dominican Ministry of Energy and Mines shows that as of October 2022, installed renewable capacity—including solar, wind, hydro, and biomass—represented 28.23% of the SENI, with biomass contributing about 30 MW (~0.59%)
Capacidad instalada del Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI) a octubre de 2022

‍Barreras para la expansión de la biomasa

A pesar de su potencial, la biomasa sigue siendo un contribuyente menor en la matriz energética nacional. Aunque las estimaciones sugieren que el país podría producir hasta 1.6 millones de toneladas de biomasa al año, la mayor parte de esta capacidad sigue sin aprovecharse. Esa biomasa podría generar aproximadamente 640,000–1,067,000 MWh al año, equivalente a 240–610 MW de capacidad instalada, dependiendo de la eficiencia y las tasas de utilización. Asumiendo que un hogar dominicano promedio consume alrededor de 200 kWh al mes (≈ 2,400 kWh al año), esta producción de energía potencial podría abastecer a aproximadamente 267,000 a 445,000 hogares anualmente.

En comparación, a septiembre de 2023, la República Dominicana contaba con diez parques eólicos, nueve plantas solares y solo una instalación de biomasa operativa. ‍

Varios factores limitan el crecimiento, entre ellos:

  • Incentivos a la inversión limitados
  • Infraestructura inadecuada para la recolección y procesamiento de materia prima
  • Falta de capacitación técnica y transferencia tecnológica
  • Un marco regulatorio aún en desarrollo
  • Preferencia de los inversores por opciones de menor riesgo como la solar y la eólica

Aunque el Plan Nacional de Bioenergía traza una ruta estratégica, su implementación ha sido lenta. Para liberar el potencial del sector, se necesitan asociaciones público-privadas más sólidas, apoyo específico a los agricultores, tarifas de alimentación claras e inversión en capacidad local.

Más allá de los residuos agrícolas, que pueden ser estacionales e irregulares, existe una oportunidad mayor: utilizar tierras marginales y degradadas para cultivar especies energéticas dedicadas.

Según datos compartidos por la República Dominicana en la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) de 2023, aproximadamente el 15% de la superficie del país —unos 7,200 km²— está degradada. De esa cifra, el 10% (aproximadamente 4,960 km²) sufre una degradación severa, según la FAO.

Estas tierras, aunque no son aptas para la producción de alimentos, son ideales para el cultivo de pastos C4, especies de rápido crecimiento y resistentes a la sequía que prosperan en suelos pobres. Estos pastos pueden ayudar a restaurar la salud del suelo, prevenir la erosión, capturar carbono y proporcionar un suministro de biomasa fiable durante todo el año.

Los beneficios económicos, ambientales y sociales de la biomasa

Impacto económico: empoderar las economías rurales

La energía de biomasa puede fortalecer la seguridad energética y estimular el desarrollo rural. Al ser un recurso nacional ampliamente disponible, reduce las importaciones de combustible y apoya la balanza comercial del país. El cultivo y procesamiento de biomasa crea empleos rurales estables —cada hectárea suele generar un puesto de trabajo a tiempo completo—, al tiempo que impulsa el crecimiento en los sectores agrícola e industrial.

Respaldada por los incentivos de la Ley 57-07 y la creciente demanda de cadenas de suministro sostenibles, la biomasa representa una opción competitiva para las empresas locales y los socios internacionales.

Beneficios ambientales: gestión de residuos y reducción de emisiones

La biomasa aborda dos grandes desafíos ambientales: los residuos orgánicos y las emisiones de gases de efecto invernadero. En lugar de permitir que los desechos agrícolas y ganaderos liberen metano al descomponerse, estos materiales pueden utilizarse para generar electricidad y calor limpios.

La biomasa sirve como puente entre la gestión de residuos y la energía renovable, pero su sostenibilidad depende de un abastecimiento responsable, la conservación de los bosques y el cuidado del suelo.

Restauración de tierras: la agricultura regenerativa en la práctica

El cultivo de biomasa puede desempeñar un papel clave en la restauración ecológica. Cuando se cultivan mediante prácticas regenerativas como la agroforestería, los cultivos energéticos como las gramíneas C4 ayudan a reconstruir la salud del suelo, mejorar la biodiversidad y capturar carbono de la atmósfera. Plantadas en tierras degradadas, estas gramíneas perennes pueden cosecharse para producir biocombustibles sólidos, sustituyendo los combustibles fósiles importados y, al mismo tiempo, restaurando los ecosistemas y fortaleciendo la resiliencia rural.

La biomasa en acción: casos de éxito

La industria azucarera dominicana demuestra la biomasa en la práctica. Muchos ingenios ya utilizan el bagazo, el subproducto fibroso de la caña de azúcar, para producir electricidad y vapor, y algunos exportan el excedente de energía a la red nacional.

Del mismo modo, las iniciativas de biogás en la República Dominicana muestran cómo las granjas pueden convertir el estiércol en electricidad y fertilizante, creando sistemas de ciclo cerrado a nivel local.

Jord ofrece otro modelo impactante al cultivar plantas energéticas de alto rendimiento en tierras marginales o degradadas, produciendo biocombustibles sostenibles mientras restaura ecosistemas y crea oportunidades de ingresos en las comunidades rurales.

Conclusión: un recurso estratégico para un futuro resiliente

La energía de biomasa representa una convergencia única de oportunidad, necesidad y fortaleza nacional para la República Dominicana. Es más que una fuente de energía complementaria: es un activo estratégico capaz de abordar prioridades nacionales clave: reducir la dependencia de los combustibles fósiles, revitalizar las economías rurales, gestionar los residuos orgánicos y restaurar tierras degradadas.

A diferencia de las energías renovables intermitentes como la solar y la eólica, la biomasa proporciona energía fiable y despachable que fortalece la estabilidad de la red. Es de origen local, genera empleo y es intrínsecamente circular, lo que la hace perfectamente adecuada para la economía agrícola y los objetivos ambientales de la República Dominicana. Sus beneficios van más allá de la energía: la biomasa permite la regeneración de la tierra, la adaptación al clima y la creación de valor en múltiples sectores.

El país ya cuenta con los recursos, la experiencia técnica y el marco normativo necesarios para expandir este sector. Lo que se requiere ahora es acción: inversiones específicas, regulaciones de apoyo, una colaboración público-privada más sólida y un compromiso nacional para escalar lo que ya está funcionando.

Casos de éxito como el de Jord demuestran lo que es posible. Al transformar tierras subutilizadas en plantaciones de cultivos energéticos sostenibles, Jord no solo produce combustible de biomasa de alta calidad, sino que construye un modelo replicable de regeneración, seguridad energética y empoderamiento rural.

Descubra cómo Jord lidera el camino en la producción de biomasa sostenible. Conozca más sobre nuestras soluciones de combustible renovable y explore cómo la biomasa puede impulsar sus operaciones, y el futuro de la República Dominicana.

El potencial es real. La infraestructura está creciendo. El momento de actuar es ahora. Hagamos que la biomasa pase de un segundo plano a desempeñar un papel central en la estrategia de energía limpia del país.

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